María Josefa Sánchez, una artista aún por descubrir
Gonzalo Eguiguren Gallery presenta la primera exposición dedicada a una de las pintoras más desconocidas del Siglo de Oro español. Aunque apenas se tienen datos sobre su biografía, dejó firmadas una decena de cruces de celda que aúnan devoción privada y barroco español, como las obras inéditas que se muestran en Madrid hasta el 25 de septiembre.
¿Quién fue María Josefa Sánchez? ¿Cuáles fueron sus aportaciones a la pintura barroca de nuestro país? Estas preguntas las está tratando de resolver la galería argentina, que ha investigado toda la trayectoria del artista, consiguiendo reunir incluso varias obras inéditas suyas. La muestra «D. Mª Josepha Sánchez. El pincel de la devoción» trata de arrojar algo de luz sobre la artista, de la que desconocemos prácticamente todo. Gracias a esto se podrán estudiar las piezas en su conjunto, así como analizar su evolución, su lenguaje pictórico y las variaciones iconográficas que desarrolló.
María Josefa, que sabemos que estuvo activa en Castilla entre 1639 y 1652, se especializó en la elaboración de cruces de celda, pequeñas obras pictóricas devocionales para uso privado; se ha llegado a argumentar que pudo ser monja o novicia aunque el uso de la palabra «doña» en las cruces firmadas sugiere un posible origen «noble». Es posible que tuviera parentesco con el pintor Clemente Sánchez, conocido por realizar cruces similares durante el siglo XVII.
Las obras de Josefa presentan un estilo muy similar al del pintor Luis de Morales, ya que ambos artistas comparten el gusto por las figuras alargadas, una paleta cromática limitada y un intenso sentido de devoción espritual


El catálogo editado para la ocasión ahonda en las obras aquí presentes, pero va mucho más allá. También analiza el contexto que le tocó vivir a la pintora y ofrece las nuevas investigaciones desarrolladas por Cathy Hall-van den Elsen, José María Quesada y Gonzalo Eguiguren, que profundizan tanto en el papel de las mujeres creadoras de la España barroca como en el entorno religioso de los siglos XVI y XVII.
Durante el Siglo de Oro, la presencia femenina en los talleres artísticos era residual –aunque no del todo inexistente–, por eso resulta tan curioso que María Josefa Sánchez estampase su rúbrica en algunas de sus obras, que ahora descansan en Segovia, Madrid, Chicago o Dallas. Eso indica que gozó de cierta fama en su época; una relevancia que, sin embargo, contrasta con la ausencia de datos biográficos suyos o documentación relativa a los encargos que recibió.
Los primeros historiadores en abordar tímidamente la figura de esta artista fueron José de Mesa y Teresa Gisbert, en 1970. Después llegó la revalorización de las mujeres artista y el estudio de figuras como Josefa de Óbidos o la propia Sánchez, que dejaron su huella en el Siglo de Oro español. Recientemente el Museo de Baltimore expuso alguna obra suya en la muestra Historia de mujeres artistas en Europa y ahora Gonzalo Eguiguren Gallery vuelve a poner el foco en ella, esta vez de manera individual.


