Halladas dos obras inéditas de Pedro Duque Cornejo
Nuevo hito para la historia del arte barroco andaluz. Investigadores de la Universidad de Sevilla han sacado a la luz dos pinturas inéditas del maestro Pedro Duque Cornejo (1678-1757). El descubrimiento amplía el catálogo de un artista cuya faceta pictórica ha permanecido normalmente a la sombra de su genialidad como escultor y arquitecto de retablos, sino que además permite resolver misterios iconográficos que datan de hace casi tres siglos.
Las obras identificadas, un San Antelmo y una Magdalena penitente, representan un avance sustancial en el conocimiento de la técnica y el estilo de Duque Cornejo. Según los investigadores, estas obras demuestran que el artista nunca perdió el interés por la pintura, una disciplina que practicó desde su juventud, influenciado por su familia de artistas, encabezada por su abuelo Pedro Roldán y su madre Francisca Roldán.

En cuanto a la Magdalena penitente localizada en una colección particular y vista en el comercio anticuario sevillano en 2023, ha sido calificada por los investigadores como «posiblemente la pintura de mayor calidad» incorporada hasta ahora al catálogo del artista.
La obra nos muestra a la santa de medio cuerpo emergiendo de la oscuridad en el momento de recibir una llamada mística. Lo que hace excepcional a esta pieza es su conexión directa con la obra escultórica de Duque Cornejo: la composición guarda un paralelismo asombroso con la escultura de la Magdalena que el maestro talló para el sagrario de la Cartuja de Granada. El gesto de la mano derecha deslizando los dedos entre las telas es, según los expertos, un detalle tan específico que no puede ser fruto del azar, sino una transposición de su genio escultórico al lienzo.

El descubrimiento de mayor trascendencia ha tenido lugar en la clausura del convento de Santa María la Real de Bormujos. Se trata de un lienzo que representa a San Antelmo , identificado como el último fragmento que quedaba por localizar de una serie de cinco santos cartujos pintada por Duque Cornejo en 1741 para la celda prioral de la Cartuja de Sevilla.
Hasta la fecha, los investigadores sólo habían logrado ubicar cuatro de los cinco lienzos del ciclo: el San Hugo de Lincoln y el San Esteban de Die, custodiados en el Palacio Arzobispal de Sevilla, y el San Bruno y el San Hugo de Grenoble, conservados en el convento de Santa Isabel. Con el hallazgo del San Antelmo en el Aljarafe sevillano, se cierra un círculo que comenzó a dispersarse tras las turbulencias del siglo XIX, la invasión napoleónica y las desamortizaciones. El lienzo llegó a Bormujos en 1971 tras la fusión de varias comunidades dominicas y el traslado desde el convento de la calle San Vicente, aunque su trayectoria desde que salió de la Cartuja de Santa María de las Cuevas sigue siendo un enigma vinculado al «trasiego de obras de arte» que sufrió la ciudad durante el siglo XIX.
La pintura, un óleo sobre lienzo de 146 x 108 cm, presenta al santo en un ambiente de penumbra, arrodillado y sumido en el estudio de la Sagrada Escritura. La obra destaca por una iconografía singular y perturbadora: una calavera mitrada que funciona como una vanitas, simbolizando la futilidad de los honores y las dignidades terrenales. Según los investigadores , este elemento es una aportación creativa original de Duque Cornejo, ya que no se han localizado otros ejemplos de San Antelmo representados con este atributo.
Este hallazgo refuerza aún más la imagen de Duque Cornejo como un artista muy polifacético, un autentico representante de la tradición de los maestros del Siglo de Oro como Alonso Cano o Berruguete, capaces de dominar las tres artes del diseño. Aunque su labor pictórica se desenvolvió en términos de «mayor modestia creativa» en comparación con sus retablos, estas nuevas obras demuestran una evolución estilística hacia pinceladas más espesas y opacas en su etapa madura, en torno a la década de 1740.


