Las esculturas prohibidas de Lucifer.
En el año 1837 la Catedral de San Pablo en Lieja (Bélgica) decidió encargar el diseño de un nuevo y elaborado púlpito cuyo tema central debía estar inspirado en el tema del «el triunfo de la religión sobre el genio del mal»; finalmente en 1842 se eligió para realizar el trabajo al escultor Joseph Geefs, un reconocido artista belga.
Geefs optó por seguir las corrientes del Romanticismo del momento, llegando a realizar una obra con un Satanás «excesivamente humanizado». Lo representó como un joven de aspecto andrógino y delicado, semidesnudo, sentado con las piernas entreabiertas y una sutil curva serpentina en la cintura. Los dos únicos elementos que recordaban levemente la naturaleza demoníaca del representado eran unas alas de murciélago y una serpiente a los pies.

Tras la instalación de la obra en la Catedral de Lieja las reacciones a la misma fueron prácticamente inmediatas; la prensa local y el obispo de Lieja, Corneille van Bommel, se escandalizaron ante el evidente atractivo sexual de la obra; llegando a argumentarse que el atractivo físico del efebo distraía a los feligreses (especialmente a las jóvenes) en lugar de inspirar un rechazo hacia el pecado. Al poco tiempo, el obispo ordenó retirarla permanentemente de la vista pública.
Para enmendar la situación, la catedral recurrió al hermano mayor de Joseph, el consagrado escultor Guillaume Geefs. La Iglesia le pidió una versión que se ajustara mejor a la iconografía tradicional: más demoníaca, feroz y atemorizante. entregó en 1848 una nueva escultura titulada El Genio del Mal (Le génie du mal). Para cumplir formalmente con el clero, añadió elementos de castigo y maldad: cuernos discretos entre el cabello, grilletes y cadenas en los tobillos y muñecas, una manzana mordida a sus pies (representando el pecado original) y un cetro roto.
Sin embargo esta solución acabó siendo incluso aun peor que la primera; Guillaume esculpió un Lucifer con una anatomía atlética y musculosa aún más imponente, un rostro clásico de héroe griego atormentado y una lágrima deslizándose por su mejilla. En lugar de generar repulsión, la estatua resultó tener un magnetismo estético y sensual que superaba al de la pieza original.

Al final, la Iglesia decidió no reabrir la polémica, y la escultura de Guillaume se quedó en el púlpito de la catedral de Lieja, donde todavía se puede visitar hoy en día. Por su parte, la obra censurada de Joseph Geefs pasó a formar parte de la colección del Museo Real de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas.


